Tesoros gastronómicos de la Costa Blanca: un viaje de paisajes y sabores
- Redacción. Madrid

- hace 19 horas
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La Costa Blanca se descubre caminando por sus cascos antiguos, contemplando el mar desde un mirador o perdiéndose entre sierras y huertas. Pero hay algo que termina de darle sentido al viaje: sentarse a la mesa. Aquí, la gastronomía no es un complemento, es parte del paisaje. Cada plato tradicional está ligado a un lugar concreto, a su historia y a la forma en la que sus habitantes han sabido convivir con el entorno.

Alcoy: naturaleza, modernismo… y borreta
Entre montañas, parques naturales y un rico patrimonio modernista, Alcoy invita a un turismo pausado, de senderos, puentes y arquitectura con carácter. Tras una jornada explorando la Serra de Mariola o paseando por su centro histórico, la borreta aparece como el broche perfecto.
Este plato emblemático de l’Alcoià y el Comtat, también muy presente en la Marina Alta, resume la cocina de interior: sencilla, honesta y profundamente reconfortante. Patatas, espinacas, ñoras y bacalao se cuecen lentamente, sin sofritos, respetando los tiempos de cada ingrediente. Ajo, pimentón o tomate aportan matices, y el huevo escalfado final convierte la borreta en un plato que habla de tradición, de invierno y de mesas familiares.

Dénia: ciudad creativa, puerto abierto y coques con historia
Dénia mira al mar desde su castillo y late al ritmo de un puerto que ha marcado su carácter. Ciudad Creativa de la Gastronomía por la UNESCO, combina playas, calas y un casco antiguo lleno de vida. En ese contexto, les coques forman parte del día a día.
Las coques de dacsa, elaboradas con harina de maíz, agua, aceite y sal, nacieron como comida práctica para los días de lluvia o frío. Cubiertas con tomate, atún, huevo cocido o verduras de temporada, reflejan la cocina del aprovechamiento. Otras versiones, como la tradicional “gamba amb bleda”, unen huerta y mar en un guiso sencillo y sabroso.
Las coques de trigo, más esponjosas, surgieron de los restos de la masa de pan y se horneaban en hornos de leña. Hoy, pasear por Dénia es descubrir cómo estas recetas conviven con propuestas actuales sin perder su esencia.

Altea: calles blancas, Mediterráneo y paella d’aladroc
Altea seduce con su silueta blanca sobre el mar, sus miradores y sus callejuelas empedradas que conducen hasta la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo. Es un lugar para detenerse, mirar y saborear, también en lo gastronómico.
Su paella d’aladroc, o paella de boquerón, es una especialidad muy ligada al invierno. Nació en una época en la que la huerta marcaba el calendario y el pescado fresco llegaba cada día al puerto. Coliflor, alcachofas y boquerones se combinan en una paella que resume la esencia alteana: productos cercanos, respeto por la temporada y una cocina que conecta campo y mar.

Elche: palmerales, patrimonio y arròs amb crosta
Visitar Elche es adentrarse en el mayor palmeral de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad, y descubrir una ciudad donde tradición y modernidad conviven de forma natural. En su cocina, el arròs amb crosta ocupa un lugar de honor.
Este plato, reservado tradicionalmente para los domingos, es una auténtica celebración familiar. Arroz, conejo, garbanzos, tomate y una cuidada selección de embutidos se coronan con una capa de huevo que, al cuajarse, crea la característica costra dorada. Cocinado en cazuela de barro o paellera, cada versión cuenta una historia distinta, pero todas comparten ese sabor que invita a quedarse un rato más en la mesa.

Vega Baja: huerta, tradición y cocido con pelotas
La Vega Baja del Segura es tierra de huerta, de productos generosos y de una cocina pensada para compartir. Recorrer sus pueblos es descubrir acequias, mercados y una fuerte identidad gastronómica que tiene en el cocido con pelotas a uno de sus grandes emblemas.
Presente en celebraciones y días festivos, este plato hunde sus raíces en los antiguos cocidos mediterráneos. Las pelotas, elaboradas con carnes variadas, piñones, ajo, huevo y especias, aportan carácter y personalidad. El caldo, con garbanzos, patatas y fideos, completa un guiso contundente y reconfortante que une a toda la comarca alrededor de la mesa.

Costa Blanca: viajar, descubrir y sentarse a la mesa
La Costa Blanca es un destino que se recorre con calma y se recuerda por sus sabores. Playas, montañas, patrimonio histórico y pueblos con encanto encuentran en la gastronomía el hilo conductor perfecto. Viajar aquí es dejarse llevar por el paisaje y, al final del día, descubrir que cada plato tradicional es también una forma de entender el territorio. Porque en la Costa Blanca, el viaje siempre termina —o empieza— alrededor de una buena mesa.







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