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REVISTA INFORTURSA

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Marruecos y la Ruta de las Kasbahs

June 16, 2016

 

 

Las Kasbahs, son alcazabas construidas en barro, de arquitectura peculiar y única en el mundo, que constituyen auténticos y sencillos museos con pequeñas ventanas, habitaciones austeras y numerosos motivos geométricos inspirados en el Islam. En Marruecos, entre las más famosas del Sur están las de Taourirt, Tifoultout, Amridil, Telouet, Tamdkht, Tammougalt, Amzzou, siendo la más visitada la fortaleza de arena de Aït Ben Haddou.

 

Si quieres descubrir las mejores Kasbash de Marruecos, tu punto de partida no puede ser otro que Ouarzazate. Las kasbahs, ciudadelas construidas con adobe, representan el arte bereber; son sencillas estancias en las que, sin embargo, predomina la decoración geométrica. Lo más aconsejable para realizar este circuito es alquilar un 4x4 y la aventura puede empezar en la kasbah Taourirt, declarada Patrimonio Mundial de la Unesco. A ella se llega tomando dirección sudoeste hasta Agdz, donde se encuentra un magnífico oasis bordeado por el desierto, que se extiende sobre una estrecha franja de casi 200 kilómetros de largo hasta la ciudad de M’Hamid. En esta zona, además de otras kasbahs, se encuentran pequeños pueblos fortificados o ksour, rodeados por altas murallas. El Taourirt Kasbah se construyó en el siglo XIX, tiene cerca de 300 habitaciones con más de 20 riads y alcanzó su mayor importancia en la década de los años 30 del siglo XX; está situada en un cruce de rutas de caravanas y aunque actualmente está parcialmente en ruinas, ha sido restaurada con la creación intramuros de galerías de exposición, biblioteca, anfiteatro y otras estancias. La kasbah Tifoultout, cerca del río Draa y junto al pueblo del mismo nombre, se construyó en el siglo XVII para recibir a los invitados del pachá de Marrakech; hace treinta años, fue restaurada y transformada en hotel desde cuya terraza se puede admirar la ciudad de Ouarzazate.

 

La Kasbah de Amridil, en el palmeral de Skoura, se distingue por su patio cuadrado elevado por cuatro niveles y enmarcado por sus cuatro torres y la de Telouet, considerada toda una obra de arte, que es fortaleza, castillo y caravanserrallo. La kasbah de Tamnougalt es una de las más antiguas del país, en cuyo interior se aprecian sus techos en madera pintada, escayola cincelada y motivos geométricos. N’Kob es la aldea de Marruecos que más kasbahs tiene, con un total de cincuenta y dos y lugar donde los exploradores que ascienden las montañas Sarhro realizan sus aprovisionamientos. La ciudad destaca por su inmenso y hermoso palmeral y es posible alojarse en una de estas kasbahs reconvertida en hotel. Hacia el Este encontrarás Erfoud, en el valle del río Ziz, que fue fundada en el protectorado como fuerte militar francés para controlar el Tafilete; es una ciudad dominada por dos montes y posee un palacio Real, además de un importante zoco junto a la plaza central; desde Erfoud salen excursiones hacia el desierto, especialmente hacia las dunas de Merzouga y es el lugar donde cada año, en octubre, se celebra el Festival de los Dátiles. A unos 15 kilómetros de la ciudad, se encuentran importantes yacimientos de fósiles procedentes de una época en la que la zona se encontraba sumergida en el mar, pudiéndose apreciar dientes y huecos de peces como el tiburón, de cocodrilos, saurópodos y de otros dinosaurios, además de fósiles  de arañas, cangrejos y escorpiones.

 

Hacia el Sur, Rissani, es un importante centro de producción de dátiles y conserva la antigua ciudad de Sijilmassa; en los alrededores abundan las kasbash de barro, entre las que se encuentra Tighmert, en ruinas y las de Dar Beida, Ouighlane y Thingeras. Hacia el Oeste, dirección Ouarzazate, se encuentra la provincia de Tinghir, un enorme oasis de 30 kilómetros de largo, donde habitan 85.000 personas que comparten superficie con numerosos yacimientos geológicos y minerales y ahora con un desarrollo urbanístico impresionante. Alberga la Kasbah de Glaui, que ofrece impresionantes vistas desde su zona más alta y es uno de los monumentos históricos más antiguos de la ciudad y la kasbah de Seik Basu u Ali, además de otras kasbash menores y mezquitas. Es punto de partida idóneo para visitar las Gargantas del Todra –cuyas impresionantes paredes se elevan hasta los 300 metros de altitud- y las rutas TT que permiten cruzar el Gran Atlas por Imilchil. Impresionante es también Boulmane y su kasbah Tizzarouine, ubicada estratégicamente y actualmente convertida también en hotel, con amplios jardines y unas vistas panorámicas inigualables al valle del Dades, también conocido como “Valle de las 1.000 kasbahs”.

 

 

 

No puedes perderte en este viaje la ciudad fortificada de Kelaât M’Gouna, un centro agrícola donde se cultivan azafrán y rosas, de donde procede la esencia de Rosa que se utiliza en cosmética y alimentación. Entre sus kasbahs destaca la de El Mgoum, junto al valle del río del mismo nombre, donde se produce la apreciada rosa damasquina. A pocos kilómetros, el Ksar de At Ben Hadu, Patrimonio de la Humanidad, es una de las mejor conservadas de Marruecos, estratégicamente posicionada frente a una montaña, rodeada por torres angulares y con una muralla defensiva, que ha sido demandada en numerosas ocasiones por la industria del cine. En realidad es un pueblo museo, en cuyo interior encontrarás la plaza pública, la mezquita, la escuela coránica y las casas, espacios todos ellos inmortalizados en películas como Lawrence de Arabia, Babel o Indiana Jones. 

 

 


 

Más info: visitmorocco.com


 
 

 

 

 

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